Cuando una flor se muere, nace una semilla.
Cuando una semilla muere, nace una planta...
Y la vida sigue su camino, más fuerte que la muerte.
Me acerco a ti, hermano....
Con el
religioso
respeto que
se ingresa a
un templo;
con la
cálida
ternura con
que se
acaricia a
un niño; y
con la
cuidadosa
delicadeza
con que se
cura una
herida; me
acerco a ti,
hermano que
estás de
duelo y
sufres el
desgarrón de
la
despedida,
provocada
por la
muerte, para
entregarte
estas
simples
palabras.
Algunas te
servirán de
alivio y de
consuelo,
otras te
irritarán,
¡seguramente!,
porque no
dicen lo que
tú sientes
ahora. No te
impacientes;
acéptalas
como
indicadoras
de un
camino, que
hay que
recorrer con
tiempo, y no
como
preceptoras
de un deber
que ya
debieras
haber
cumplido.
Si algo te
choca hoy,
déjalo, y
tal vez lo
leas mejor
mañana.
Estas
palabras
mías no te
dirán lo
mismo en los
comienzos,
en medio o
al final del
largo camino
de tu duelo.
Tú tienes
por delante
un camino
largo y
doloroso, y
el
presentarte
la meta no
es para
impacientarte,
ni para
reprocharte
de no haber
llegado,
sino para
alentarte a
seguir
andando. Tú
caminas por
tu desierto
y el sol y
las arenas
enardecen tu
sed; si yo
te hablo de
un oasis no
es para
culparte por
no haberlo
alcanzado,
sino para
alentar tus
pasos. ¡Tal
vez
concluyas tu
duelo cuando
estemos de
acuerdo, y
hayas
encontrado
el oasis
...!
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Quisiera
compartir
contigo |
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A
la
hora
de
cosechar |